Frutas y otros vegetales de Galicia

FRUTAS Y FRUTOS SECOS

Respecto a las frutas, aunque la producción de frutas en Galicia no es muy grande, pueden encontrarse casi todas, incluidas las naranjas que se producen en huertos familiares. Estas a veces son muy ácidas pero otras veces guardan una dulzura especial. Son también excelentes las ciruelas, sobre todo las que en torno a la desembocadura del Miño se conocen como mirabeles, que son pequeñas, redondas y amarillas y resultan sabrosísimas si se comen recién recogidas del árbol, aunque según muchos ganan si se cuecen con azúcar o se ponen en aguardiente, adquiriendo en este último caso poderes mágicos que hacen que sean muy eficaces en el tratamiento de males digestivos. El frutal más extendido es el manzano, que encuentra en los valles y laderas un excelente lugar de desarrollo. Hay muchas clases, que con frecuencia comparten territorio, lo que permite comparar las características de las distintas variedades de manzanas, de diferentes tamaños, formas y colores. Sorprenden por la diversidad de aromas y sabores, pero si es posible debe terminarse la experiencia con una buena reineta, que concentra todas las virtudes que pueden esperarse de una manzana. Galicia es además líder en producción de castañas, de excelente calidad, más grandes, suaves y harinosas que cualquier otra, que por sus características es ideal para la elaboración de un “marron glacée” de calidad superior. Frutos como nueces, avellanas y almendras; sin olvidar la riqueza silvestre de arándanos y otras frutas foráneas, como el kiwi, que se ha adaptado a la perfección a la climatología gallega convirtiéndola en la primera productora de España. 

OTROS VEGETALES

Respecto a los productos de la huerta, en Galicia se producen una gran variedad de hortalizas, pero históricamente la producción se concentra en unas pocas, entre las que sobresale la berza o col que era componente esencial de las recetas gallegas. El nabo fue de cultivo obligado en toda huerta, por pequeña que fuese, porque además de su raíz se aprovecha su parte aérea, en forma de grelos y nabizas. Su sabor ligeramente amargo es un distintivo, muy característico, de muchos platos gallegos, aunque el destino cumbre es, cocidos moderadamente, para acompañar a un excelente lacón. La patata -pataca- gallega es excelente, lo que ha hecho que su prestigio esté en alza. La variedad más cultivada es la Kennebec, de piel amarilla y carne muy blanca, que puede emplearse en todo tipo de elaboraciones porque cocida -llamada aquí cachelos- absorbe los sabores de los componentes que la acompañan. Por ejemplo, en el “pulpo a feira” en un trozo de patata, que se haya impregnado bien del jugo del cefalópodo, del aceite de oliva, del pimentón y de la sal, está la esencia del plato. La faba de Lourenzá y los grelos de Galicia junto a la patata de Galicia de Bergantiños y de la Limia y los productos del cerdo son la base del conocido cocido gallego. Los pimientos de Padrón, de los que se dice que unos pican y otros no, hoy están perfectamente controlados en su propiedad pungente. Se producen en los límites de las provincias de A Coruña y Pontevedra y se están comercializando con la denominación Herbón, para diferenciarlos de los de Arnoia, de la provincia de Ourense, de los de Oimbra, típicos de Verín y de los de O Couto, que se producen en los alrededores de El Ferrol. Todos tienen indicación geográfica protegida y todos son una maravilla, aunque presentan diferencias organolépticas interesantes, que se manifiestan en todo su esplendor cuando ligeramente asados o fritos se presentan en la mesa con unas finas escamas de sal gorda. Respecto a los cereales, estos se utilizan para elaborar panes, y aquí, en Galicia, el Pan de Cea y el Pan de Maiz son los más característicos. No podemos finalizar sin destacar la riqueza silvestre de las setas de los montes de Galicia y señalar que aunque en Galicia no se produce aceite de oliva en grandes cantidades, sí se consume, al emplearse en muchas de sus elaboraciones, y por ello se trae de otras regiones de España, dandole a la cocina atlántica un toque de mediterraneidad, a costa de hacer que los untos hayan perdido parte del protagonismo que, sin embargo, se sigue agradeciendo como nota sabrosa en la elaboración de los tradicionales potes y caldos.

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Montse Gonzalez