Los Codos de Belesar (o Cóbados de Belesar) son uno de los tramos más espectaculares y con mayor carga histórica del Camino de Invierno a Santiago. Se trata de una antigua calzada de origen romano que desciende en zigzag por la ladera del monte para salvar el fuerte desnivel del valle del río Miño.
Aquí tienes todo lo que necesitas saber para disfrutar de este lugar:
Tabla de contenidos
1. El Trazado y la Experiencia
Diseño en Zigzag: El nombre de «codos» proviene de las cerradas curvas que realiza la calzada para suavizar la pendiente.
Arquitectura Tradicional: El suelo conserva el empedrado antiguo y está flanqueado por muros de piedra seca que sujetan los vertiginosos viñedos en bancales (viticultura heroica).
Vistas: Durante el descenso, tendrás una panorámica frontal de la aldea de Belesar y el río Miño, una de las postales más famosas de la Ribeira Sacra.
2. Información Práctica para Senderistas
Ubicación: Conecta la parroquia de Diomondi (O Saviñao) con la aldea de Belesar (Chantada).
Dificultad: El descenso es sencillo pero exigente para las rodillas debido a la inclinación y el empedrado irregular. Si lo haces de subida, requiere un buen esfuerzo físico.
Distancia: El tramo de los codos propiamente dicho es de aproximadamente 2 km, aunque forma parte de la etapa del Camino de Invierno que viene de Monforte de Lemos.
Punto de Inicio Sugerido: La Iglesia de San Paio (Pelayo) de Diomondi (joya del románico). Desde allí, el camino baja directamente hacia el río.
3. Qué ver en los alrededores
San Paio de Diomondi: Un antiguo monasterio e iglesia románica del siglo XII con una fachada bellísima.
Belesar: Al terminar el descenso, puedes disfrutar de esta aldea dividida por el río, tomar algo en sus bares a pie de agua o incluso coger un catamarán.
Anta de Abuíme: Está a muy pocos kilómetros de Diomondi, por lo que puedes visitar el dolmen antes de empezar el descenso.
4. Recomendación «Foodie & Traveller»
Si haces esta ruta en otoño, el paisaje es un estallido de colores ocres y rojizos por las hojas de la vid. Al terminar en Belesar, es casi obligatorio probar los vinos de la zona en alguna de sus bodegas ribereñas.




